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La sudoración excesiva o hiperhidrosis, puede afectar a toda la superficie de la piel, pero por lo general está limitada a las palmas de las manos, las plantas de los pies, las axilas y las ingles. Las manos y los pies sudorosos son una respuesta normal a la ansiedad y también es habitual que una persona sude mucho cuando tiene fiebre. Sin embargo, una sudación frecuente y abundante en todo el cuerpo requiere atención médica porque puede ser un signo de hiperactividad del tiroides, una baja concentración de glucosa en la sangre o una alteración en la región del sistema nervioso que controla la sudoración. Las personas que padecen esta enfermedad producen sudor en cantidades mucho más grandes de las necesarias para controlar su temperatura corporal.

Se trata de una patología que afecta por igual a hombres y a mujeres; por lo general, comienza a manifestarse en la infancia y la adolescencia. Factores de tipo emocional como el estrés, la tensión y la ansiedad pueden incrementar la actividad de las glándulas sudoríparas y, por lo tanto, agravar la hiperhidrosis. Los síntomas de la sudoración excesiva son fácilmente perceptibles, por lo que no es necesaria la realización de pruebas específicas para llegar al diagnóstico. Sin embargo, los análisis de sangre pueden detectar si la función tiroidea o los niveles de glucosa en sangre son anormales y determinar así los casos en los que la hiperhidrosis esté provocada por hiperactividad del tiroides o una baja concentración de glucosa en sangre.

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